11/03/2019
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Mujer Malabarista

Ser madre, esposa y ministra no es una tarea sencilla. La mujer se enfrenta a diferentes retos en su día a día. Mientras trabajas, velas por tus hijos. Te dedicas al servicio, sin descuidar tu casa. Cuidas tu matrimonio, sin dejar tu pasión por tu Primer amor. A esto, se le suman las luchas propias del ministerio. Sin embargo, aún vemos mujeres involucradas en la obra del Señor.

¿Qué luchas enfrentan en este camino? ¿Qué las impulsa a seguir? Conversamos con algunas ministras con años de ministerio, quienes comparten sus consejos.

 

Los Grandes Desafíos

A cada mujer se le presentan diferentes desafíos mientras cumple su rol ministerial y familiar.

Marlene de Chiang, Ministra de la Alianza en San Miguel dijo que un gran reto es establecer y poner en práctica, las prioridades de la vida correctamente. Por ello, Elizabeth Rubio, Ministra de la Alianza en Lima Cercado dice que hay que obrar sabiamente para mantener el equilibrio. “Se hace imprescindible manejar bien los horarios y organizarse para evitar cualquier desequilibrio o desajuste en lo personal y ministerial”, dijo.

La lucha contra los sentimientos negativos y la presión ante las expectativas de otros, hacen que guardar el balance sea más complicado. “El sentimiento de agradar a otros nos desvía de lo que el Señor realmente pide de nosotras. La soledad, no aceptación, comparación, ingratitud puede crear heridas de dolor, amargura, ira”, dijo. Marlene de Chiang.

Sara de Cortázar, Ministra de la Alianza en Monterrico resaltó que mantener la frescura espiritual en medio de tantas ocupaciones es una lucha. Y a esto se suman sentimientos negativos como “frustración, resentimiento, agotamiento y estrechez económica”.

Lo cierto es que, aquellos que están en autoridad, siempre deberán luchar con las expectativas que otros tienen hacia su persona. La sierva de Dios debe mantener su vida espiritual fuerte y saludable, buscando ser fiel a los dones que Dios le ha otorgado, dijo Sara de Cortázar.

 

Entre mi Hogar y el Ministerio

Alternar entre el hogar y el ministerio puede causar culpa y rechazo. Es muy importante tener en claro las prioridades y las etapas de la vida que estás viviendo, sin olvidar que cada tarea que realizas, sea en lo privado o público, honra al Señor.

“Como esposa siempre estamos llamadas a ser apoyo, compañía y a amar a nuestro esposo. Como madre debemos disfrutar cada etapa (aunque estas sean difíciles) proveyendo las enseñanzas e instrucciones divinas para la vida de nuestros hijos”, dijo Marlene de Chiang.

Elizabeth Rubio agregó que apoyar al esposo  en la obra y ser pastoras de nuestro hogar es parte del llamado del Señor. “En primer lugar apoyar al esposo en la obra con firme convicción del llamado del Señor. Por otro lado entender que nuestro ministerio se enfoca en el hogar apoyando al esposo con los hijos, nos volvemos en pastoras de nuestro rebaño. Como trabajadoras complementamos al sostenimiento y necesidades del hogar, sin dejar en claro nuestra prioridad como siervas del Señor”, dijo.

 

Organización y Equipo

Tanto los hombres como mujeres, hacen malabarismos para cumplir con las demandas del día a día. Elizabeth Rubio hace énfasis en la organización y comunicación con la pareja como una clave para la tarea. “Organización de nuestro tiempo, un manejo adecuado de nuestra agenda y una buena comunicación con nuestros esposos”.

Patricia de Vergara, escritora de libros y ministra de la Alianza de Pueblo Libre dijo que para poder cumplir con sus diferentes tareas tiene que ser muy disciplinada. “Me trazo metas a corto y largo plazo y las cumplo. Hago un horario para todo: labores de la casa, estudios, iglesia, demandas ministeriales y escribir. Hay días que dedico a la iglesia, y días que dedico a la editorial”.

Marlene de Chiang dijo que no debes olvidar trabajar junto a tu pareja, caminando con cuidado para no hacer caer a otros con tus errores.

“El trabajo en equipo junto con el esposo e hijos es vital pues todos nos vemos involucrados a compartir este desafío. Adornemos nuestros momentos juntos de amor y bastante buen humor. Mantén al Señor como alguien presente en casa en todo lo que haces”, aconseja Marlene.

 

Mantén tu Llamado

Los temores y presiones pueden terminar por agobiarte robándote pasión y sembrando dudas ante ese llamado ministerial que una vez tuviste. Es importante contar con el consejo de otra esposa de pastor madura y de confianza, una mentora que pueda guiarte, mencionaron Sara y Elizabeth. Pero sobre todo, no olvidar el llamado que Dios te ha hecho, buscando refugio en Él. “No olviden que El Señor dará los recursos necesarios para seguir enfrentando las demandas del ministerio”, añade Elizabeth.

No te evalúes por los estereotipos que se dan en el campo ministerial, dijo Marlene. “Toda actividad ministerial se verá afectada sino cuidas lo que tienes en tu mente  y corazón. El trabajo se va aprendiendo pero la convicción y la pasión la da y la mantiene Dios”.

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